Memoria de una generación

Por: Mario Valdez

Cuando se menciona 1985, la mayoría de los mexicanos piensa inmediatamente en el terremoto que sacudió a la Ciudad de México y que dejó una profunda huella en la memoria colectiva del país. Sin embargo, aquel año no solamente estuvo marcado por movimientos sísmicos. También fue un periodo de profundas sacudidas políticas, sociales y universitarias que modificaron el rumbo de diversas instituciones y dejaron enseñanzas que continúan vigentes hasta nuestros días.

Por ello resulta particularmente valiosa la presentación del libro Repensar el 85: Repensar el movimiento universitario que cambió a Chihuahua, del doctor Martín Zermeño Muñoz.

Las nuevas generaciones suelen observar los acontecimientos históricos como episodios lejanos, casi ajenos a su realidad cotidiana. Sin embargo, muchos de los derechos, libertades y espacios de participación que hoy parecen normales fueron producto de procesos complejos donde distintas generaciones decidieron involucrarse y asumir responsabilidades frente a los desafíos de su tiempo.

El movimiento universitario de 1985 en Chihuahua forma parte de esa historia.

Más allá de las simpatías o diferencias que puedan existir respecto a determinados actores o acontecimientos, resulta innegable que aquellos años marcaron una etapa importante en la vida política y universitaria del estado. Fueron tiempos de debate, confrontación de ideas y participación estudiantil en momentos donde la democracia mexicana atravesaba procesos de transformación.

Quizá uno de los mayores riesgos de nuestra época sea la pérdida de la memoria histórica.

Las sociedades que olvidan su pasado suelen repetir errores que pudieron haberse evitado. Por ello resulta fundamental que las universidades mantengan espacios para la reflexión histórica, el análisis crítico y la discusión de los procesos que ayudaron a construir las instituciones que hoy conocemos.

La presencia de protagonistas de aquella etapa durante la presentación del libro demuestra precisamente la importancia de preservar esos testimonios. Los libros permiten documentar los hechos, pero las experiencias de quienes participaron ayudan a comprender las motivaciones, los desafíos y las circunstancias que dieron forma a esos movimientos.

También es importante reconocer el papel de la juventud.

Con frecuencia se afirma que los estudiantes deben concentrarse exclusivamente en su formación profesional. Sin embargo, la historia demuestra que las universidades han sido espacios donde se discuten los grandes temas de cada época. Las transformaciones sociales, políticas y culturales rara vez ocurren sin la participación activa de las nuevas generaciones.

El mérito de una obra como la presentada por el doctor Zermeño consiste precisamente en invitar a repensar el pasado, no para idealizarlo ni para convertirlo en una pieza de museo, sino para extraer lecciones útiles para el presente.

Hoy los desafíos son distintos.

La tecnología, la inteligencia artificial, la desinformación, la polarización política y los cambios culturales plantean nuevos escenarios para la juventud universitaria. Sin embargo, la necesidad de participación, pensamiento crítico y compromiso social sigue siendo tan importante como hace cuatro décadas.

Los terremotos físicos modifican ciudades y edificios.

Los terremotos sociales modifican instituciones, ideas y generaciones enteras.

Y 1985 fue, sin duda, uno de esos años donde ambos dejaron una huella profunda en la historia de México y de Chihuahua.

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