Por: Mario Valdez
Existe un momento en la vida universitaria donde los exámenes dejan de ser escritos y las respuestas ya no se encuentran únicamente en los libros. Es el instante en que los estudiantes salen de las aulas y deben enfrentar la realidad de su profesión, contrastar conocimientos, intercambiar experiencias y demostrar que la formación recibida puede sostenerse frente a cualquier escenario.
Es ahí donde toca sacar la casta.
La reciente experiencia de los estudiantes de Agronegocios de la Facultad de Ciencias Agrícolas y Forestales de la Universidad Autónoma de Chihuahua es un ejemplo de ello. Visitar la Central de Abastos de la Ciudad de México y posteriormente convivir académicamente con profesores y alumnos de la Universidad Autónoma Chapingo representa mucho más que un viaje escolar. Se trata de una oportunidad para comprobar si los conocimientos adquiridos en las aulas tienen aplicación práctica en uno de los mercados agroalimentarios más importantes del país.
Con frecuencia los estudiantes observan los conceptos de comercialización, logística, exportaciones o cadenas de suministro como temas teóricos que aparecen en presentaciones y apuntes. Sin embargo, basta recorrer los pasillos de la Central de Abastos para comprender que detrás de cada producto que llega a una mesa existe una compleja red de productores, transportistas, comerciantes y distribuidores que hacen posible el funcionamiento de la economía alimentaria nacional.
La educación superior debe aspirar precisamente a eso: conectar la teoría con la realidad.
Por ello resultan valiosas las experiencias que permiten a los jóvenes observar directamente cómo operan los mercados, cómo se establecen los precios y cuáles son los retos que enfrentan diariamente quienes participan en el sector agropecuario.
La segunda parte de este encuentro adquiere un significado igualmente importante. Chapingo es una de las instituciones de mayor prestigio en materia agropecuaria en México y América Latina. Compartir espacios académicos con estudiantes y docentes de esa universidad representa una oportunidad para generar nuevas perspectivas, intercambiar conocimientos y construir relaciones que pueden derivar en futuros proyectos de investigación y colaboración.
Lo interesante es que este tipo de actividades también sirven para evaluar indirectamente a las propias instituciones. Cuando un estudiante dialoga con jóvenes de otras universidades, cuando participa en conferencias especializadas o presenta proyectos de investigación, pone a prueba no solamente su capacidad personal, sino también la calidad de la formación que ha recibido.
