Por: Mario Valdez
Con frecuencia hablamos de liderazgo, participación ciudadana y compromiso social como si fueran cualidades que aparecen de manera espontánea una vez que una persona llega a la vida profesional. Sin embargo, la realidad demuestra que estas habilidades se construyen poco a poco, a través de experiencias que permiten aprender a representar intereses colectivos, dialogar con distintas visiones y asumir responsabilidades.
Por ello resulta importante el respaldo que la Universidad Autónoma de Chihuahua brinda a las Sociedades de Alumnos de sus distintas facultades.
A simple vista podría parecer únicamente una entrega de recursos para organizar actividades estudiantiles. Sin embargo, detrás de esta acción existe algo mucho más relevante: la construcción de espacios donde los jóvenes pueden aprender a ejercer liderazgo y participación de manera responsable.
Las universidades no solamente forman profesionistas.
También forman ciudadanos.
Y parte de esa formación ocurre fuera de las aulas.
Las Sociedades de Alumnos representan uno de los primeros espacios donde muchos jóvenes tienen la oportunidad de organizar proyectos, gestionar recursos, escuchar a sus compañeros y defender propuestas que buscan mejorar la vida universitaria.
No se trata únicamente de organizar eventos culturales, deportivos o académicos.
Se trata de aprender a representar.
Aprender a escuchar.
Aprender a tomar decisiones.
Aprender a rendir cuentas.
Son experiencias que más adelante tendrán utilidad en cualquier ámbito profesional, social o político.
En tiempos donde existe una creciente desconfianza hacia las instituciones y una evidente apatía hacia la participación pública, resulta fundamental que los estudiantes encuentren espacios donde puedan involucrarse activamente en los asuntos que afectan a su comunidad.
La democracia no se aprende leyendo únicamente conceptos en un libro.
Se aprende ejerciéndola.
Se aprende participando.
Se aprende asumiendo responsabilidades.
Por ello resulta acertado que la universidad fortalezca el trabajo de quienes encabezan las representaciones estudiantiles. El liderazgo juvenil necesita oportunidades para desarrollarse y mecanismos que permitan transformar las ideas en acciones concretas.
También es importante recordar que representar implica obligaciones.
Quienes encabezan una sociedad de alumnos tienen la responsabilidad de actuar con transparencia, mantener comunicación con sus compañeros y utilizar los recursos asignados para actividades que beneficien verdaderamente a la comunidad estudiantil.
El liderazgo auténtico no consiste en ocupar posiciones de representación.
Consiste en generar resultados.
La universidad ha entendido que la formación integral va más allá de los programas académicos. Los estudiantes requieren espacios para desarrollar habilidades de organización, comunicación, negociación y trabajo en equipo.
Al final, muchas de las personas que mañana dirigirán empresas, instituciones públicas, organizaciones sociales o proyectos comunitarios están hoy sentadas en las aulas universitarias.
Y probablemente algunos de ellos estén dando sus primeros pasos de liderazgo precisamente dentro de una sociedad de alumnos.
Porque la participación no surge de la nada.
Se cultiva.
Y la democracia también necesita espacios donde pueda practicarse todos los días.
