Culturas

Por: Mario Valdez

Durante siglos las grandes civilizaciones crecieron aprendiendo unas de otras. El intercambio de conocimientos, tradiciones, costumbres y formas de entender el mundo permitió avances que difícilmente habrían ocurrido en sociedades aisladas. Hoy, en una época marcada por la globalización y la comunicación instantánea, esta realidad es aún más evidente.

Vivimos en un mundo donde las fronteras económicas, tecnológicas y académicas son cada vez más pequeñas. Por ello, comprender otras culturas ha dejado de ser un lujo intelectual para convertirse en una necesidad.

La celebración del Año Nuevo Chino en la Universidad Autónoma de Chihuahua representa mucho más que un acto protocolario o una festividad cultural.

Es una oportunidad para acercarse a una de las civilizaciones más antiguas e influyentes de la historia humana.

Con frecuencia observamos a China únicamente desde la perspectiva económica, como una potencia industrial y tecnológica que juega un papel determinante en los mercados internacionales. Sin embargo, detrás de ese desarrollo existe una tradición milenaria construida sobre valores, filosofía, disciplina, educación y una profunda identidad cultural.

Entender esa realidad resulta particularmente importante para las nuevas generaciones.

La enseñanza de idiomas extranjeros suele asociarse con mejores oportunidades laborales o académicas, lo cual es cierto. Sin embargo, aprender una lengua implica también conocer formas distintas de pensar, interpretar la realidad y relacionarse con el entorno.

Por ello el Instituto Confucio se ha convertido en una herramienta valiosa dentro de la universidad.

No solamente acerca a los estudiantes al idioma chino, sino que les permite descubrir una cultura que ha influido de manera decisiva en la historia de la humanidad y que continuará siendo protagonista en las próximas décadas.

La celebración del Año del Caballo de Fuego ofrece además una oportunidad para reflexionar sobre el significado que distintas culturas atribuyen a símbolos y tradiciones. Mientras en Occidente el paso de los años suele medirse únicamente mediante calendarios, otras civilizaciones incorporan elementos históricos, filosóficos y espirituales que enriquecen su visión del tiempo y de la vida.

Actividades como la Danza del León, las exhibiciones de artes marciales y las presentaciones artísticas permiten acercarse de manera práctica a una tradición que para muchos sigue siendo desconocida.

Y precisamente ahí radica su importancia.

El desconocimiento suele generar prejuicios.

El conocimiento genera comprensión.

Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionistas preparados para desenvolverse en un entorno global. Pero también deben formar ciudadanos capaces de respetar y valorar la diversidad cultural que caracteriza al mundo contemporáneo.

La convivencia entre culturas no significa renunciar a la identidad propia.

Por el contrario, permite fortalecerla al tiempo que se aprende a reconocer y valorar las aportaciones de otros pueblos.

En una época donde con frecuencia predominan los discursos de división y confrontación, resulta oportuno recordar que las grandes civilizaciones han crecido cuando han sido capaces de dialogar, aprender y compartir.

Porque conocer otras culturas no nos hace menos nuestros.

Nos hace más universales.

Es nuestra opinión.

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