La democracia y sus riesgos

Cuando pregunto a mis estudiantes universitarios cuáles son los riesgos de la democracia, las respuestas suelen ser variadas. Algunos hablan de la corrupción, otros de la desinformación, unos más mencionan el abstencionismo o la manipulación mediática. Pocas veces aparece una de las reflexiones más importantes formuladas por el pensador francés Alexis de Tocqueville.

Tocqueville advertía que uno de los peligros de la democracia consiste precisamente en que los ciudadanos pueden elegir libremente a gobernantes que posteriormente atenten contra la propia libertad. Dicho de otra forma, el riesgo no siempre proviene de un golpe de Estado o de una invasión extranjera. En ocasiones surge de las propias urnas.

La historia ofrece numerosos ejemplos.

Personajes que llegaron al poder mediante procesos electorales legítimos y que, una vez instalados en el gobierno, comenzaron a debilitar instituciones, concentrar facultades, limitar contrapesos y construir sistemas donde la alternancia política se vuelve cada vez más difícil.

Ese debate vuelve a cobrar relevancia con los acontecimientos recientes en Venezuela.

Tras las elecciones presidenciales de julio de 2024, el Consejo Nacional Electoral proclamó vencedor a Nicolás Maduro con poco más del 51 por ciento de los votos, mientras que la oposición rechazó los resultados y denunció irregularidades en el proceso. Diversos gobiernos y organismos internacionales solicitaron la publicación completa de las actas para verificar el resultado. El Centro Carter, una de las organizaciones observadoras, señaló que no pudo corroborar independientemente los resultados anunciados y cuestionó la falta de transparencia en la publicación de los datos electorales.

Más allá de las posiciones ideológicas que cada persona pueda tener respecto al chavismo o a la oposición venezolana, el caso permite reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando las instituciones encargadas de garantizar la competencia democrática dejan de ser percibidas como imparciales?

La democracia no consiste únicamente en votar.

La democracia exige división de poderes, organismos autónomos, prensa libre, respeto a las minorías, transparencia electoral y mecanismos que permitan la alternancia política. Cuando alguno de esos elementos desaparece, las elecciones pueden seguir existiendo formalmente, pero la calidad democrática comienza a deteriorarse.

Tocqueville observó que las sociedades libres podían caer en una nueva forma de despotismo. No necesariamente uno impuesto por la fuerza militar, sino uno construido gradualmente mediante la concentración del poder y la reducción de los espacios de crítica.

Quizá por eso resulta tan importante que los universitarios estudien estos procesos.

Las democracias no se pierden de un día para otro. Generalmente se erosionan poco a poco. Primero se debilita una institución, después otra. Se normalizan ciertas prácticas, se desacreditan los contrapesos y finalmente se llega a un punto donde el ciudadano descubre que los mecanismos diseñados para proteger sus libertades ya no funcionan como antes.

La enseñanza para nuestros estudiantes no debe limitarse a observar lo que ocurre en otros países. Debe servir para comprender que la democracia requiere vigilancia permanente, participación informada y ciudadanos capaces de analizar críticamente a quienes ejercen el poder, independientemente de su partido o ideología.

Porque el mayor riesgo de la democracia no es solamente elegir mal.

El mayor riesgo es que quienes llegaron mediante la democracia utilicen esa misma democracia para impedir que otros puedan reemplazarlos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *