Por: Mario Valdez
El año comenzó con anuncios importantes en materia de conectividad. La presentación de los paquetes de Internet para el Bienestar dirigidos a millones de usuarios en Oaxaca representa, al menos en el discurso, una noticia positiva para una de las regiones que históricamente ha enfrentado mayores rezagos sociales y económicos del país.
Hablar de acceso a internet en nuestros tiempos ya no significa únicamente entretenimiento o comunicación. Significa acceso a educación, información, capacitación, oportunidades laborales y desarrollo económico. En muchas comunidades, contar con una conexión estable puede representar la diferencia entre integrarse a la economía digital o permanecer aislados de las oportunidades que ofrece el mundo actual.
Por ello, cualquier esfuerzo encaminado a ampliar la cobertura y reducir los costos de acceso merece ser reconocido.
Sin embargo, la realidad obliga a realizar una reflexión más profunda.
Uno de los principales problemas que enfrenta México no es la falta de anuncios gubernamentales. Tampoco la ausencia de programas sociales o proyectos de infraestructura. El verdadero desafío radica en la credibilidad. Durante años, distintos gobiernos han prometido soluciones que en ocasiones no alcanzan los resultados anunciados o simplemente no logran mantenerse en el tiempo.
La confianza pública se construye con hechos y no únicamente con conferencias de prensa.
Es cierto que Oaxaca requiere alternativas que permitan acercar servicios de telecomunicaciones a millones de ciudadanos. También es cierto que los costos de conectividad continúan siendo una barrera para muchas familias mexicanas. Pero entre el anuncio y el resultado existe una distancia que solamente puede recorrerse mediante cumplimiento, eficiencia y transparencia.
México necesita que estos proyectos funcionen.
Necesita que los estudiantes de comunidades alejadas puedan acceder a contenidos educativos, que los emprendedores encuentren nuevas oportunidades de negocio y que las familias tengan acceso a herramientas tecnológicas que mejoren su calidad de vida. La conectividad dejó de ser un lujo hace mucho tiempo para convertirse en una necesidad básica de cualquier sociedad que aspire al desarrollo.
Por ello resulta importante mantener una postura equilibrada. Reconocer las buenas noticias cuando se presentan, pero sin renunciar al derecho de exigir resultados. La ciudadanía no tiene la obligación de conformarse con promesas; tiene el derecho de evaluar si los compromisos anunciados se convierten en beneficios reales para la población.
Oaxaca ha sido durante décadas una de las entidades que más atención requiere en materia de desarrollo social. Si este programa logra cumplir sus objetivos, miles de personas podrán acceder a oportunidades que antes parecían lejanas. Si fracasa, se sumará a una larga lista de iniciativas que comenzaron con entusiasmo y terminaron en el olvido.
El acceso a internet puede convertirse en una herramienta de transformación social. Nadie debería cuestionar eso.
La duda no está en la necesidad del proyecto.
La duda está en la capacidad del gobierno para cumplir, una vez más, con lo que promete.
