Por: Mario Valdez
Las universidades públicas tienen una responsabilidad que va mucho más allá de impartir clases y entregar títulos profesionales. Son espacios donde se forman los futuros líderes, funcionarios, comunicadores, administradores y tomadores de decisiones que eventualmente estarán al frente de las instituciones sociales. Precisamente por ello, la educación superior debe mantener abiertas sus puertas al intercambio de ideas y al conocimiento proveniente de distintos sectores de la sociedad.
La reciente visita del presidente municipal de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, a estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua debe analizarse desde esa perspectiva. No se trata de una cuestión partidista ni de simpatías políticas. Se trata de acercar a los jóvenes a quienes ejercen responsabilidades públicas y permitirles conocer de primera mano las experiencias, retos y decisiones que acompañan la administración de una ciudad tan compleja como Ciudad Juárez.
Con frecuencia se critica a las universidades por permanecer alejadas de la realidad o por limitarse exclusivamente a la teoría. Sin embargo, cuando se generan espacios de diálogo con actores públicos, empresariales, sociales o académicos, los estudiantes tienen la oportunidad de contrastar lo aprendido en las aulas con la experiencia práctica de quienes enfrentan diariamente los problemas de la sociedad.
Ese es precisamente uno de los objetivos de una facultad como Ciencias Políticas y Sociales.
Los jóvenes que hoy cursan carreras como Administración Pública, Relaciones Internacionales o Ciencias de la Comunicación serán quienes en el futuro participen en gobiernos, organismos internacionales, medios de comunicación o instituciones sociales. Resultaría contradictorio pretender formarlos sin exponerlos a las experiencias de quienes actualmente desempeñan esas funciones.
La universidad debe escuchar a todos.
Debe escuchar a alcaldes, gobernadores, empresarios, líderes sociales, académicos, activistas y representantes de distintos sectores. No para adoptar sus posturas como verdades absolutas, sino para generar reflexión, análisis y pensamiento crítico entre los estudiantes.
La pluralidad es precisamente una de las mayores fortalezas de la educación superior.
Por ello es importante que estas actividades se desarrollen sin banderas políticas. La universidad no puede convertirse en plataforma de promoción partidista ni en espacio de confrontación ideológica permanente. Su función es distinta. Debe ser un lugar donde las ideas se debatan, se contrasten y se analicen con libertad.
En este caso, los estudiantes tuvieron la oportunidad de cuestionar sobre temas relacionados con obra pública, migración, inclusión, finanzas municipales y participación política. Más allá de las respuestas ofrecidas por el alcalde, el valor del ejercicio radica en la posibilidad de dialogar directamente con quien tiene la responsabilidad de gobernar una de las ciudades más importantes del país.
Las nuevas generaciones necesitan acercarse a la realidad. Necesitan comprender que detrás de cada decisión pública existen procesos administrativos, restricciones presupuestales, aciertos y errores que forman parte de la vida institucional.
La universidad cumple mejor su función cuando logra vincular el conocimiento académico con los problemas concretos de la sociedad.
Porque formar profesionistas no consiste únicamente en transmitir información. Consiste también en prepararlos para entender el entorno que algún día tendrán la responsabilidad de dirigir, transformar o comunicar.
Y para ello, escuchar distintas voces no es una concesión política.
Es una obligación académica.
