Por: Mario Valdez
Con frecuencia se afirma que los jóvenes representan el futuro de nuestro país. La frase se repite tanto que corre el riesgo de perder significado. Sin embargo, más allá de los discursos, existe una realidad que pocas veces se aborda con suficiente profundidad: la necesidad de que los estudiantes conozcan y participen en la vida pública desde su etapa de formación profesional.
La reciente participación de la diputada Adriana Terrazas Porras en la Feria de Empleo para la Inclusión Laboral de la Juventud permite reflexionar sobre la importancia de acercar a las nuevas generaciones a las instituciones y espacios donde se toman decisiones que impactan directamente en la sociedad. Más de dos mil vacantes ofertadas por alrededor de ochenta empresas representan una oportunidad importante para quienes buscan incorporarse al mercado laboral, pero también dejan una enseñanza sobre la necesidad de vincular la formación académica con la realidad que existe fuera de las aulas.
Resulta lamentable que en ocasiones, dentro de las propias universidades, se descubra que algunos estudiantes desconocen aspectos básicos de la organización política y social del país. No es extraño encontrar jóvenes que tienen dificultades para identificar las funciones de los poderes del Estado, los niveles de gobierno o las responsabilidades de las instituciones públicas. Este fenómeno debería preocuparnos porque la formación universitaria no puede limitarse únicamente a los conocimientos técnicos de una profesión.
Un profesionista necesita comprender la sociedad en la que vive.
El Poder Legislativo, por ejemplo, es una de las instituciones más importantes dentro de cualquier sistema democrático. Desde el Congreso se aprueban leyes, presupuestos, reformas y disposiciones que influyen directamente en la vida cotidiana de las personas. Temas relacionados con la educación, la salud, la seguridad, los impuestos, los derechos laborales o el desarrollo económico pasan por procesos legislativos que terminan afectando a todos los ciudadanos.
Sin embargo, pareciera que muchos jóvenes observan estos procesos como algo lejano, ajeno o incluso irrelevante para sus vidas. Nada más distante de la realidad. Las decisiones que se toman en los congresos terminan reflejándose en las oportunidades de empleo, en los servicios públicos, en las condiciones económicas y en las posibilidades de desarrollo de toda una generación.
Por ello resulta positivo que cada vez más estudiantes tengan la oportunidad de acercarse a espacios laborales, instituciones públicas y organismos donde puedan observar de primera mano cómo funciona la sociedad. El contacto con la realidad permite comprender que los conocimientos adquiridos en el aula tienen una aplicación práctica y que la participación ciudadana es una responsabilidad que trasciende la etapa universitaria.
La educación superior debe formar profesionistas competentes, pero también ciudadanos informados y comprometidos con su entorno. El conocimiento técnico es indispensable, pero resulta insuficiente cuando se carece de una comprensión básica sobre el funcionamiento de las instituciones que organizan la vida pública.
Quizá uno de los grandes retos de las universidades actuales consiste precisamente en fortalecer esa vinculación entre el conocimiento académico y la realidad social. Los estudiantes deben conocer empresas, organismos civiles, instituciones gubernamentales y procesos legislativos, porque tarde o temprano tendrán que interactuar con ellos en el ejercicio de su profesión.
La universidad no puede convertirse en una burbuja aislada de la realidad. Su misión es preparar a los jóvenes para enfrentar el mundo tal como es, con sus desafíos, oportunidades y responsabilidades.
Porque al final del día, una sociedad democrática requiere ciudadanos capaces de comprender cómo funciona el sistema que los gobierna. Y esa formación comienza mucho antes de obtener un título profesional.
