El poder es prestado

Por: Mario Valdez

Dentro de las «70 Máximas de la Política», Lorenzo de Anda establece una reflexión que conserva vigencia independientemente de la época o del partido político al que se pertenezca. La primera máxima señala que cuando se tenga el poder debe ejercerse pensando en el día en que ya no se tendrá.

La frase parece sencilla, pero encierra una de las lecciones más importantes para quienes ocupan cargos públicos. El poder es temporal. Los puestos pasan, los gobiernos terminan y las circunstancias cambian. Lo único que permanece es la huella que dejan las decisiones tomadas durante el ejercicio de la función pública.

La reciente situación del exgobernador César Duarte Jáquez vuelve a poner sobre la mesa esta reflexión. Después de permanecer dos días hospitalizado debido a complicaciones relacionadas con problemas cardíacos, regresó al Cereso de Aquiles Serdán para continuar enfrentando el proceso penal que se sigue en su contra.

Más allá de las simpatías o antipatías políticas que pueda despertar su figura, el caso invita a pensar sobre la naturaleza del poder y la velocidad con la que pueden cambiar las circunstancias de quienes alguna vez ocuparon las posiciones más importantes dentro de una administración pública.

No hace muchos años, Duarte encabezaba el Gobierno del Estado, tomaba decisiones que impactaban a millones de personas y concentraba una de las mayores responsabilidades políticas de Chihuahua. Como ocurre con todos los gobernantes, contaba con atribuciones, influencia y capacidad de decisión. Hoy la realidad es completamente distinta.

La política suele generar la falsa impresión de que ciertas posiciones son permanentes. Algunos funcionarios llegan a creer que los privilegios del cargo forman parte de su patrimonio personal y olvidan que la autoridad que ejercen les ha sido otorgada de manera temporal por las instituciones y por la ciudadanía.

Ahí radica precisamente la importancia de la máxima de Lorenzo de Anda.

Pensar en el día después obliga a actuar con prudencia en el presente.

Pensar en el momento en que ya no se tendrá poder obliga a moderar los excesos.

Pensar en el futuro obliga a comprender que toda decisión terminará siendo evaluada por la historia, por la sociedad y, en algunos casos, por los tribunales.

La política mexicana ofrece numerosos ejemplos de personajes que pasaron de ocupar posiciones privilegiadas a enfrentar procesos judiciales, derrotas electorales o el rechazo de la opinión pública. Ningún cargo es eterno y ninguna posición política garantiza inmunidad frente al paso del tiempo.

Quizá por ello los mejores gobernantes son aquellos que entienden desde el primer día que su permanencia será limitada. Son quienes utilizan el poder para servir y no para servirse de él. Son quienes comprenden que el respeto se construye mediante acciones y no mediante la investidura temporal que les fue conferida.

La condición de salud de cualquier persona merece respeto y consideración. Sin embargo, los acontecimientos recientes también recuerdan una realidad que con frecuencia se olvida en la vida pública: el poder es prestado, los cargos son pasajeros y las consecuencias de las decisiones suelen permanecer mucho tiempo después de que termina el ejercicio de gobierno.

Por eso la primera máxima de Lorenzo de Anda sigue teniendo vigencia.

Cuando tengas el poder, ejerce pensando en el día que ya no lo tendrás.

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