Por: Mario Valdez
Durante años, octubre se ha convertido en el mes del color rosa. Edificios iluminados, lazos colocados en espacios públicos, campañas en redes sociales y mensajes de concientización buscan recordar una realidad que miles de familias enfrentan día con día: el cáncer de mama.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre sumarse a una campaña por moda y convertir la prevención en una cultura permanente. Lo primero dura unas semanas; lo segundo puede salvar vidas.
Recientemente, el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Luis Alfonso Rivera Campos, anunció que durante este 2024 la máxima casa de estudios se pintará de color rosa y desarrollará una serie de actividades enfocadas en la prevención y detección oportuna del cáncer de mama.
A simple vista podría parecer una acción más dentro de las múltiples campañas institucionales que se realizan año con año. No obstante, cuando se analiza el alcance de la Universidad, la relevancia del proyecto adquiere una dimensión distinta.
La Universidad no solamente forma profesionistas. También forma ciudadanos, transmite valores, genera conocimiento y tiene la capacidad de influir en miles de estudiantes, docentes, trabajadores y familias. Cuando una institución educativa decide involucrarse en una causa de salud pública, el mensaje trasciende las aulas.
Conferencias, talleres, revisiones médicas, campañas de difusión y la coordinación con la Secretaría de Salud representan mucho más que actividades de agenda. Son herramientas que permiten informar, orientar y, sobre todo, prevenir.
La prevención sigue siendo la mejor arma contra muchas enfermedades. En el caso del cáncer de mama, la autoexploración, las revisiones periódicas y las mastografías han demostrado ser fundamentales para detectar oportunamente un padecimiento que cada año cobra la vida de miles de mujeres en el mundo.
Información, prevención y detección temprana. Tres conceptos que deberían convertirse en hábitos permanentes y no únicamente en temas de conversación durante determinadas fechas.
Resulta igualmente significativo que los equipos representativos de la Universidad porten durante este año uniformes con colores alusivos a la campaña. Algunos podrían considerar que se trata solamente de un símbolo, pero los símbolos también comunican. Son recordatorios permanentes de que existe una lucha que continúa y de que la participación social es indispensable para enfrentarla.
La batalla contra el cáncer de mama no corresponde únicamente a los médicos o a las instituciones de salud. Es una responsabilidad compartida donde participan gobiernos, escuelas, universidades, medios de comunicación, organizaciones civiles y familias.
La prevención comienza con la información, continúa con la conciencia y termina con la acción.
Por ello, iniciativas como la anunciada por la Universidad Autónoma de Chihuahua deben reconocerse y fortalecerse. Porque detrás de cada conferencia, de cada taller, de cada revisión médica y de cada mensaje preventivo existe la posibilidad de detectar una enfermedad a tiempo y cambiar el destino de una persona.
Al final del día, el color rosa no es solamente un color. Es un recordatorio permanente de que la salud, cuando se atiende de manera preventiva, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
