La educación que no debe olvidar a nadie

Por: Mario Valdez

Con frecuencia hablamos de la importancia de la educación como herramienta para transformar vidas y generar mejores oportunidades. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿educación para quién?

La respuesta debería ser sencilla. Educación para todos.

No obstante, la realidad demuestra que existen sectores de la población que históricamente han enfrentado mayores obstáculos para acceder a una enseñanza de calidad, adaptada a sus necesidades y respetuosa de su identidad cultural. Entre ellos se encuentran los pueblos originarios, cuyas comunidades han realizado enormes esfuerzos para preservar sus tradiciones, lenguas y formas de entender el mundo.

Por ello resulta relevante el curso de Literacidad y Bilingüismo para niñas y niños indígenas impulsado por la Universidad Autónoma de Chihuahua en coordinación con autoridades educativas y organismos internacionales como UNICEF.

Se trata de una iniciativa que va mucho más allá de la capacitación docente.

En el fondo, representa una apuesta por construir una educación más justa, más incluyente y más sensible a la diversidad cultural que caracteriza a nuestro estado.

Chihuahua posee una riqueza humana extraordinaria. Los pueblos Rarámuri, Pima y Jami forman parte de la historia, la identidad y el patrimonio cultural de nuestra entidad. Sin embargo, durante muchos años la educación formal se diseñó bajo esquemas homogéneos que no siempre consideraron las particularidades lingüísticas y culturales de estas comunidades.

Las consecuencias han sido evidentes.

Rezago educativo, barreras de comunicación y dificultades para que muchos niños puedan desarrollarse plenamente dentro del sistema educativo.

Por ello la importancia de fortalecer la enseñanza en primeras y segundas lenguas. No se trata únicamente de aprender a leer y escribir. Se trata de generar herramientas que permitan a los estudiantes comprender su entorno, fortalecer su identidad y acceder a mayores oportunidades sin renunciar a sus raíces.

Resulta alentador que este esfuerzo involucre a más de un centenar de docentes especializados, quienes tendrán la responsabilidad de llevar estos conocimientos a las aulas donde más se necesitan.

También merece reconocimiento que la Universidad Autónoma de Chihuahua haya logrado posicionarse a nivel nacional mediante proyectos de esta naturaleza. Ganar convocatorias para impartir programas de formación docente demuestra que las universidades pueden aportar soluciones concretas a problemas que afectan directamente a la sociedad.

Vivimos en tiempos donde la inclusión suele aparecer con frecuencia en los discursos públicos. Sin embargo, la verdadera inclusión se construye con acciones, programas y políticas que permitan reducir las brechas existentes.

La educación sigue siendo la herramienta más poderosa para lograrlo.

Pero para que cumpla plenamente su función debe reconocer las diferencias, respetar la diversidad y garantizar que ningún niño quede excluido por razones culturales, lingüísticas o geográficas.

Las lenguas originarias representan una forma de entender el mundo, una memoria colectiva que merece ser preservada y fortalecida. Cuando una sociedad protege sus lenguas también protege parte de su historia y de su identidad.

Por ello este tipo de programas merecen ser valorados.

Porque una educación verdaderamente humanista no es aquella que obliga a todos a aprender de la misma manera.

Es aquella que encuentra la forma de llegar a todos sin olvidar a nadie.

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