Por: Jesús del Refugio Durán Villavicencio
Maestrante en la Universidad Panamericana
Abogado corporativo
La frase “Mi cuerpo mi decisión”, se ha convertido en uno de los gritos de guerra más icónicos del movimiento feminista. ¿Cómo no serlo? Suena bonito, es contagioso, fácil de decir y pareciera, si no se analiza, que tuviera algo de razón. Sin embargo, esta frase es totalmente incorrecta porque hay dos grandes mentiras que se actualizan en ella.
Es evidente que es la madre quien lleva el embrión en su cuerpo, negarlo sería un absurdo. Pero absurda es decir “mi cuerpo” en referencia a la práctica de un aborto, ya que científicamente está comprobado que el embrión no es parte del cuerpo de la madre, ya que tiene una carga genética distinta a la de la madre y del padre.
La segunda gran mentira, y que es un tema del que se habla muy poco, está contenida en la segunda parte de la frase, es decir, “mi decisión”, excluyendo por completo al padre biológico del embrión sin el cual biológicamente no se pudo haber embarazado la mujer. Dejando de lado los pocos casos de embarazos por violación. Científicamente, para que una mujer se pueda llegar a embarazar, necesita forzosamente, la participación de células sexuales reproductivas del varón. No puede haber embarazo sin fecundación y la fecundación es el resultado de la unión de un espermatozoide y un óvulo.
No debe pasar desapercibido que las cargas genéticas aportadas tanto por la madre como por el padre son exactamente iguales, es decir, ambos padres aportaron 50% de material genético. La aportación de él, unida con la carga genética de ella, dieron como resultado o “producto” la creación de un nuevo ser humano vivo y distinto a ellos, pues tiene un ADN diferente al del padre como de la madre.
Desde el momento en que ambos procreadores emitieron la misma carga genética para la creación de una nueva vida, podrían argumentar tener el mismo derecho -ya sabemos que en absoluto, ni ambos tienen derecho a decidir sobre la vida de otro-, pero, al menos, a opinar, según la lógica feminista, sobre la vida que ambos procrearon, y no sólo la madre.
Hoy en día se habla mucho de la violencia psicológica que sufren algunas mujeres, pero vayamos a las causas. Evidentemente no se discutirá ni negará que la falta de valores, tanto en familias como en hombres y mujeres, ha creado un sinnúmero de desórdenes morales y sexuales, de hombres patanes que ciertamente causan o pueden causar violencia psicológica y física en contra de la mujer o de mujeres.
Pero tampoco olvidemos que matar a un hijo, el cual lleva tu sangre y tu 50% de carga genética, también es una terrible violencia psicológica con nefastas consecuencias. Esto no puede ser de otra forma ya que si la madre, por el simple hecho de ser mujer, toma la decisión exclusivamente, y sin darle al padre ningún tipo de derecho, ni voz, ni voto respecto a la vida de su propio hijo, lo deja en un estado de vulnerabilidad, de impotencia y desesperación.
¿Qué tan desesperado e impotente se podrá sentir un padre que le matan a su hijo única y exclusivamente porque la madre decidió no tenerlo?… No es extraño para el que suscribe esto que, ciertamente hay situaciones particulares muy complejas donde uno o ambos padres piensen que la única opción o la más “conveniente” sea practicar un aborto, pero atentar contra la vida, y de un pequeño indefenso, hijo de Dios, ¡nunca será opción!
¿Qué pasa con todas las demás situaciones donde se decide practicar un aborto por cuestiones meramente sentimentales, o incluso estéticas? Imaginemos que una pareja consciente y voluntariamente decide tener relaciones sexuales y como resultado termina embarazada la mujer, una mujer de 23 años que le faltan 2 años para terminar su carrera, y ella por miedo al que dirán, por miedo de verse estéticamente mal al estar embarazada, por miedo a la crítica del alumnado de la escuela, etc., decide practicarse un aborto, ¿el padre biológico no tiene derecho a opinar, a pelear por la vida de su hijo? ¿sólo por ser la madre puede decidir la muerte de otro ser vivo que fue resultado de una relación sexual consensuada y libre y que cuyo hijo es producto de la unión de dos cargas genéticas y no sólo la de ella? …. ¿Y cuántos casos como el que acabamos de mencionar no pasan?
La despenalización del aborto es terrible porque le da el derecho a decidir sobre la vida de una tercera vida humana, sólo a la mujer, olvidando que se está decidiendo sobre la vida de alguien más sin consultar ni siquiera con el “coprocreador” de la vida de ese embrión.
No obstante lo anterior, la ley prevé la obligación de “alimentos” del padre para con el hijo desde el momento de la fecundación, es decir, un padre tiene obligaciones jurídicas para con su hijo a partir de la fecundación, ¡¿pero no tiene el derecho para defender la vida de su hijo?!
En otros países de nuestro continente, existen precedentes jurídicos sobre el daño moral que llegan a padecer los padres biológicos del menor abortado.
Diversos juristas católicos, a lo largo del continente nos estamos dando a la tarea de continuar esta batalla jurídica donde se respeten los derechos del Padre antes, durante y después de un aborto, pues ellos también son susceptibles a una “reparación del daño” por las acciones realizadas sin su consentimiento.
