Por: Mario Valdez
Existe una diferencia importante entre gastar recursos e invertirlos. El gasto suele responder a necesidades inmediatas; la inversión, en cambio, busca generar beneficios duraderos. Cuando una universidad decide fortalecer su infraestructura académica y de atención a la comunidad, no solamente mejora sus instalaciones, también apuesta por el futuro de quienes se forman en ellas y de quienes reciben sus servicios.
La inauguración de la nueva clínica especializada en Periodoncia de la Facultad de Odontología de la Universidad Autónoma de Chihuahua debe entenderse precisamente desde esa perspectiva. Más allá de una obra física o de la adquisición de nuevo equipamiento, representa una inversión en la calidad de la educación y en la atención de la salud de cientos de personas que acudirán a estas instalaciones.
Con frecuencia los ciudadanos observan las obras universitarias únicamente como espacios destinados a los estudiantes. Sin embargo, facultades como Odontología cumplen una doble función social. Por un lado, forman profesionales altamente capacitados; por otro, brindan servicios que benefician directamente a la comunidad.
Por ello resulta acertada la reflexión realizada por el rector Luis Alfonso Rivera Campos al señalar la importancia de ofrecer espacios dignos tanto para quienes estudian como para quienes acuden en busca de atención. La experiencia de un paciente comienza mucho antes de sentarse en una unidad dental. Inicia desde el momento en que ingresa a las instalaciones y percibe si se encuentra en un entorno profesional, seguro y adecuado.
La calidad educativa también está vinculada con la infraestructura.
Es difícil aspirar a una formación de excelencia cuando los espacios no corresponden a las exigencias de la práctica profesional contemporánea. Los estudiantes necesitan familiarizarse con equipos modernos, protocolos actualizados y condiciones similares a las que encontrarán una vez incorporados al ejercicio laboral.
En este sentido, la renovación de redes hidráulicas, la incorporación de nuevas unidades dentales y la creación de áreas especializadas reflejan una visión que entiende la educación como un proceso integral. No basta con transmitir conocimientos; también es necesario ofrecer las herramientas que permitan aplicarlos adecuadamente.
Otro aspecto digno de reconocimiento es el homenaje realizado al doctor Luis Miguel Amaya. Las instituciones se fortalecen cuando son capaces de reconocer a quienes contribuyeron a construirlas. Más de tres décadas dedicadas a la docencia representan una huella que trasciende generaciones de estudiantes y que merece permanecer en la memoria universitaria.
La salud bucal continúa siendo uno de los temas pendientes para amplios sectores de la población. Por ello, fortalecer espacios de formación y atención odontológica termina generando beneficios que van más allá de las aulas. Cada profesionista mejor preparado representa una oportunidad adicional para mejorar la calidad de vida de quienes requieren atención especializada.
Las universidades tienen la obligación de evolucionar al ritmo de las necesidades sociales. La actualización de programas académicos es importante, pero también lo es la modernización de los espacios donde se desarrolla el aprendizaje.
La inversión realizada en esta clínica es una muestra de que la infraestructura educativa sigue siendo una prioridad.
Porque cuando una universidad mejora sus instalaciones, no solamente construye paredes o adquiere equipo.
Construye oportunidades.
Y pocas inversiones son tan valiosas como aquellas que terminan transformando vidas.
