Por: Mario Valdez
Con frecuencia existe la idea equivocada de que la cultura debe permanecer inmóvil, limitada a las expresiones artísticas tradicionales y distante de los intereses de las nuevas generaciones. Sin embargo, la historia demuestra exactamente lo contrario: el arte evoluciona junto con la sociedad y encuentra nuevas formas de comunicarse con cada época.
Por ello resulta acertada la iniciativa de la Universidad Autónoma de Chihuahua de celebrar a los estudiantes con un concierto dedicado a la música de videojuegos. Lo que para algunos podría parecer únicamente entretenimiento, para millones de jóvenes representa una parte importante de su formación cultural, emocional e incluso artística.
Las bandas sonoras de videojuegos como Super Mario, Zelda, Pokémon o Final Fantasy han acompañado a generaciones enteras. Detrás de estas composiciones existe trabajo musical de gran calidad, interpretado hoy por orquestas sinfónicas en los escenarios más importantes del mundo. La música, independientemente de su origen, tiene la capacidad de despertar emociones, estimular la imaginación y crear recuerdos compartidos.
Las universidades tienen la responsabilidad de acercar la cultura a sus estudiantes, pero también de comprender los lenguajes con los que se comunican las nuevas generaciones. Cuando la música clásica dialoga con elementos contemporáneos, se construyen puentes que permiten que más jóvenes descubran el valor de las expresiones artísticas.
La cultura no debe convertirse en un espacio exclusivo para unos cuantos. Debe ser un punto de encuentro donde converjan distintas sensibilidades, gustos y experiencias. Actividades como esta permiten demostrar que el arte puede mantenerse vigente sin perder calidad ni profundidad.
Al final, educar también significa entender a quienes llegan a las aulas. Y pocas herramientas son tan poderosas para lograrlo como la música.
