Semana Académica FCPyS

Por: Mario Valdez

Vivimos en una época donde los cambios ocurren a una velocidad pocas veces vista en la historia. La tecnología modifica la manera en que nos comunicamos, la inteligencia artificial comienza a transformar profesiones enteras, las redes sociales influyen en la opinión pública y fenómenos como la polarización, la desinformación y los problemas de salud mental se convierten en temas cotidianos.

Frente a esta realidad, las ciencias sociales adquieren una importancia que muchas veces pasa desapercibida.

Existe la idea equivocada de que el desarrollo de una sociedad depende únicamente de los avances científicos o tecnológicos. Sin embargo, tan importante como crear nuevas herramientas es comprender cómo afectan a las personas, cómo modifican las relaciones humanas y cuáles son sus consecuencias en la vida colectiva.

Por ello resulta relevante la realización de la XXII Semana Académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Los temas seleccionados para esta edición reflejan precisamente algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo. La resiliencia frente a la tristeza y la depresión, el combate a la desinformación, la ética en la administración pública y la educación financiera son asuntos que impactan directamente la vida cotidiana de millones de personas.

Lo interesante es que ninguno de estos problemas puede resolverse desde una sola disciplina.

La salud mental requiere conocimientos psicológicos, educativos y sociales. La desinformación involucra a los medios de comunicación, la tecnología y la formación ciudadana. La ética pública exige instituciones sólidas, pero también valores personales. Las finanzas personales dependen tanto del conocimiento técnico como de hábitos y comportamientos sociales.

Esa es precisamente la riqueza de las ciencias sociales.

Su capacidad para analizar fenómenos complejos desde distintas perspectivas.

En ocasiones los estudiantes se preguntan para qué sirven materias relacionadas con la política, la comunicación, las relaciones internacionales o la administración pública. La respuesta aparece todos los días en los problemas que enfrenta la sociedad. Entender por qué ocurren ciertos fenómenos es el primer paso para encontrar soluciones efectivas.

Las universidades tienen la responsabilidad de preparar profesionistas capaces de desenvolverse en un entorno cada vez más cambiante. Pero también deben formar personas que comprendan la realidad que las rodea y que sean capaces de actuar de manera responsable frente a ella.

Por eso espacios como una semana académica no deben verse únicamente como una serie de conferencias o actividades complementarias.

Son oportunidades para cuestionar ideas, debatir posturas, ampliar horizontes y fortalecer el pensamiento crítico.

Porque los problemas del siglo XXI son cada vez más complejos.

Y frente a esa complejidad, la improvisación no es una opción.

Se requiere conocimiento, análisis y capacidad de reflexión.

Al final, las sociedades avanzan cuando son capaces de entender sus desafíos.

Porque solamente entendiendo la realidad es posible transformarla.

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