La música como puente

Por: Mario Valdez

Existen películas que entretienen y otras que dejan lecciones capaces de acompañar al espectador durante años. Una de ellas es sin duda «La Misión», protagonizada por Robert De Niro, Jeremy Irons y Liam Neeson. Más allá del conflicto histórico que presenta entre los intereses de España y Portugal en tierras guaraníes, la película contiene una enseñanza que conserva plena vigencia en nuestros días.

Sin revelar detalles importantes de la trama, basta recordar una de sus escenas más emblemáticas: un sacerdote que, en lugar de presentarse con armas o imposiciones, utiliza la música como medio para acercarse a quienes le resultaban completamente desconocidos. Aquella melodía se convierte en una llave capaz de abrir puertas donde la fuerza difícilmente habría encontrado espacio.

La escena invita a reflexionar sobre el verdadero poder de la cultura.

En tiempos donde predominan la prisa, la confrontación y el ruido permanente, la música continúa siendo uno de los pocos lenguajes universales capaces de unir a personas de distintos orígenes, creencias y circunstancias. La música calma las pasiones, ordena las emociones y permite encontrar puntos de encuentro donde antes parecía existir únicamente distancia.

Por ello resulta valioso que instituciones como la Universidad Autónoma de Chihuahua continúen apostando por la difusión cultural. Con frecuencia se piensa que la misión principal de una universidad consiste únicamente en formar profesionistas. Sin embargo, las grandes instituciones educativas entienden que la formación humana también requiere arte, cultura y espacios para la sensibilidad.

El concierto «Música y Corazón Tarahumara» representa precisamente ese tipo de esfuerzos que vale la pena destacar. La combinación de la música clásica con la riqueza cultural del pueblo rarámuri permitió construir un diálogo entre distintas expresiones artísticas que, lejos de competir, se complementan y enriquecen mutuamente.

La participación del pianista rarámuri Romeyno Gutiérrez Luna tiene además un significado especial. Su presencia recuerda que la cultura no debe entenderse como algo ajeno a nuestras raíces, sino como una herramienta para fortalecerlas, proyectarlas y compartirlas con nuevas generaciones.

Otro aspecto digno de reconocimiento es que el evento trascendió el ámbito artístico para convertirse también en una acción solidaria. El canje de boletos por alimentos y productos de higiene personal demuestra que la cultura puede convertirse en un vehículo para promover valores como la empatía y el compromiso social.

Quizá ese sea uno de los mensajes más importantes.

La cultura no es un lujo reservado para tiempos de abundancia. Es una necesidad permanente de cualquier sociedad que aspire a conservar su identidad, fortalecer su tejido social y construir espacios de convivencia.

Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionistas, pero también ciudadanos sensibles a las expresiones artísticas y culturales que dan sentido a la vida colectiva.

La Orquesta Sinfónica de la UACH lleva años demostrando que la música puede cumplir esa función. Acercar personas, rescatar tradiciones, generar reflexión y recordar que existen formas de comunicación que trascienden las palabras.

Tal vez por eso la escena de «La Misión» continúa siendo tan poderosa después de tantos años.

Porque nos recuerda que existen puertas que solo pueden abrirse mediante la cultura.

Y pocas herramientas han demostrado tanta capacidad para tender puentes como la música.

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