Por: Mario Valdez
Recientemente el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Luis Alfonso Rivera Campos, supervisó los avances de la primera etapa de remodelación del campo de fútbol americano “Nido de Águilas”, ubicado en el Campus I de la institución. La noticia puede parecer menor para quienes observan únicamente una obra de infraestructura deportiva, pero en realidad representa una inversión en uno de los espacios más emblemáticos de la vida universitaria.
Resulta justo y necesario que en el pulmón de la ciudad y en el corazón de la UACH se tome en cuenta un espacio que durante años ha sido punto de encuentro para estudiantes, deportistas y familias enteras. El Nido de Águilas forma parte de la identidad universitaria y ha sido escenario de innumerables historias de esfuerzo, disciplina y superación personal.
Es conocido el gusto del rector por el fútbol americano y no es un secreto su afición por los Acereros de Pittsburgh. Sin embargo, sería un error reducir este proyecto a una preferencia personal o a una sola disciplina deportiva. Quienes conocen la dinámica universitaria entienden que cuando se fortalece la infraestructura deportiva, los beneficios terminan alcanzando a toda la comunidad estudiantil.
El deporte universitario tiene una característica que pocas veces recibe el reconocimiento que merece. Cada inversión realizada en instalaciones, equipamiento o programas deportivos envía un mensaje claro a los estudiantes: su esfuerzo importa y su desarrollo también forma parte de las prioridades institucionales. La motivación que genera una obra de este tipo no se limita a los jugadores de fútbol americano, sino que se extiende a quienes practican básquetbol, béisbol, voleibol, atletismo, fútbol asociación y muchas otras disciplinas.
Porque talento hay.
Lo ha demostrado la Universidad Autónoma de Chihuahua a lo largo de los años en competencias regionales, nacionales e incluso internacionales. Lo que muchas veces hace falta son mejores condiciones para desarrollar ese potencial y mantener el respaldo institucional que permita a los jóvenes combinar sus actividades académicas con la práctica deportiva.
Las universidades modernas entienden que la formación profesional no termina en el aula. El deporte fomenta disciplina, liderazgo, trabajo en equipo, manejo de la presión y capacidad para enfrentar derrotas y victorias. Son habilidades que acompañarán a los estudiantes mucho después de concluir sus estudios.
Por ello resulta positivo que continúen los esfuerzos por fortalecer espacios deportivos dentro del campus universitario. Las instalaciones se desgastan con el paso del tiempo, las necesidades cambian y las nuevas generaciones merecen contar con espacios dignos para desarrollar sus capacidades.
La remodelación del Nido de Águilas representa una buena noticia no solamente para quienes practican fútbol americano, sino para toda una comunidad que entiende la importancia del deporte como una herramienta de formación integral. Al final del día, apoyar el deporte universitario es apostar por jóvenes más preparados, más saludables y más comprometidos con su institución.
Y cuando existe talento, como lo hay en la UACH, lo menos que puede hacerse es brindar las condiciones para que ese talento encuentre el espacio adecuado para crecer.
