Con tristeza, una vez más, somos testigos que en el presente proceso electoral, abundan nuevamente los candidatos que lejos de tener autoridad política parecieran ser más comediantes, influencers, modelos o simplemente payasos que aprovechan los carentes espacios de los partidos políticos para llegar a un puesto de representación popular.
No somos contrarios a la autoridad que debe gobernar en una sociedad, es necesaria, pero ésta debe ser una autoridad que reúna los requisitos para que pueda trascender como una verdadero mando en todo el sentido.
Durante las próximas semanas, estimado lector, presentaremos en esta entrega, breves comentarios sobre un interesante libro titulado, REFLEXIONES SOBRE EL MANDO del coronel argentino LUIS GAZZOLI, ya que en sus páginas aborda y desarrolla interesantes temáticas que pueden servir para dar al menos una tenue luz en la tiniebla política que nos toca vivir.
Unificación y singularización del mando
En este breve capítulo, el coronel Gazzoli indica que la atribución más trascendente de un hombre que forma parte de un grupo caracterizado por determinada disciplina y escala de valores jerárquicos es el mando del grupo, por cuanto a su persona se conjuga la responsabilidad de alcanzar el fin común a todos.
El coronel, incluso en el primer párrafo aplica las tres “C”; Concreto, contundente y con verdad.
En el mando de un grupo se centra la responsabilidad del cumplimiento del objetivo, pero ¿qué objetivo? Parte de las bondades de la milicia es que las órdenes emanan de una estructura nacional para todos por igual. En una empresa, en un partido el objetivo puede cambiar por lugar, momento o circunstancia, de ahí el reto y la primera responsabilidad de la cabeza del grupo de establecer una ruta a seguir, un objetivo que cumplir tomando en cuenta condiciones de todo tipo.
El mando como tal puede ser compartido en la distribución de tareas de los elementos que integran el equipo, pero la responsabilidad emerge de la jerarquía.
Cuando estos elementos se dan, el coronel comenta que se deben subordinar al arbitrio de la voluntad de quien manda el libre albedrio cada uno de los componentes del grupo. Podríamos objetar en este punto, pero es el mismo autor quien señala que dicha subordinación no implica indiferenciación ilimitada, puesto que ésta atentaría contra la individualidad de los componentes.
Uno de los puntos torales en este capitulo es cuando el coronel aborda lo siguiente:
“…es necesario también que el individuo que manda esté dispuesto a que, en cierta medida, los demás dispongan de él, es como consecuencia del concepto unificativo que reviste el mando, pues, así como unificar a los demás en torno de uno, tiene el sentido de que los demás son uno mismo, o sea, que están en uno, también lo tiene de que uno mismo está en los demás.”
Esto lo entendemos al juicio de los elementos hacia la autoridad, “la recompensa del Capitán no consiste en las notas de su comandante, sino en la mirada de sus hombres”. Complicada situación de una jefatura.
Una orden indica acción, el criterio del bien indica la brújula para actuar en consecuencia ya que en ocasiones no se puede estar en concordancia con la jefatura y con los subordinados, va de por medio la integridad, congruencia y por lo tanto credibilidad. Coincidimos de alguna manera con el coronel Gazzoli cuando dice que en el fondo el subalterno no esta al servicio de un superior determinado, sino de un deber común el cual el superior es su principal intérprete.
El coronel Gazzoli finaliza comentando que para bien mandar es obligatorio el conocimiento de las circunstancias, es decir, se debe estar dotado de la capacidad de ESTAR, lo cual exige permanente preocupación y dedicación, es decir, se debe conocer a la tropa, al equipo, es necesaria una mimetización con el elemento, ya que los detalles permitirán una complementación completa con el equipo.
De ahí la finalización del capítulo que señala que por eso el mando bien entendido otorga prioridad para el sacrificio, como lo decía Morton Abramowitz “Estamos viviendo un periodo en el que nadie quiere soportar ningún dolor, en el que se pretenden guerras sin bajas, en el que nadie quiere asumir el menor riesgo. No queremos hacer los cambios necesarios porque pueden traernos algún contratiempo. No es un gran día para los héroes.
