Por: Marisela Acuña
Qué bonito el dúo que sacaron hace ya algunos años, Alberto Cortés y Facundo Cabral, dos grandes de la música que lamentablemente se van desdibujando en los gustos actuales. Parece que el «pinchis punchis» o el belicoso corrido de los Pesos Plumas, Natanaeles y otros personajes contemporáneos dejaran un mensaje o hicieran reflexiones tan profundas como los grandes anteriormente mencionados.
El tema es interesante para otra posible entrega, pero me cayó el veinte con la sustitución que hicieron para el álbum de Cortés y Cabral del dicho que se suele decir cuando puedes hacer y decir las cosas con firmeza sin necesidad de ser grosero, irreverente o irrespetuoso. «Lo cortés no quita lo cabrón» era una recomendación para aquellos que tenían trato con los demás y se aplicaba mucho en la función pública.
Dirigir es un arte, tal y como lo sostenía aquel francés de apellido Courtois. Se debe hacer con finura, se debe ser inteligente para el trato y, sobre todo, conocer al personal a cargo. De esa manera podrás cumplir con los cometidos propuestos.
En la actualidad, falta el tacto en muchos titulares, directivos, jefes de departamento, gerentes y políticos, que, creyéndose dioses, menosprecian al personal y luego se preguntan por qué hay tanta rotación de personal en los centros de trabajo. No digo que esto sea el factor principal de esas bajas, pero es común escuchar quejas contra el superior por falta de tacto.
«Lo cortés no quita lo cabrón» es una frase maestra que debería constituir una unidad completa en la enseñanza del manejo de personal.
En alguna ocasión me tocó escuchar una intervención de Carlos Kasuga, presidente de Yakult, quien decía que cada semana escogía a uno de sus trabajadores para ir a cenar a su casa. Imagínese usted que el dueño de la empresa donde trabaja le solicite cenar en su casa.
Bueno, pues esto era precisamente con el objetivo de interiorizar con el trabajador, conocer sus preocupaciones, fusionarse con sus necesidades y dar confianza sobre la estabilidad laboral que cualquier trabajador requiere.
Con estas acciones, Kasuga, pudiendo ser el mayor de los pedantes, da una cátedra de cómo debe ser un jefe: cortés con fortaleza, cortés con sabiduría, cortés con sutileza, cortés con visión. Porque lo cabrón no necesariamente es tratar mal a las personas, no es ser el jefe gritón y maldito, sino el que hace las cosas de una manera más inteligente, porque la forma sirve a él, a su empresa, a su empleado y a sus familias.
Más corteses y más cabrones es lo que necesitamos, pero de esos que tienen materia gris y saben controlar sus emociones.
