POR: DR. JESÚS MANUEL GUERRERO RODRÍGUEZ
Hablar de la formación de los hijos, a través de la familia, no es tema fácil, si consideramos que nosotros como padres no estamos del todo formados, y aun así debemos servir de ejemplo a nuestros hijos, complicado ¿verdad? Bueno, sigue leyendo y reflexiona sobre la trascendencia de tus actos.
Considera que, ¡todos! venimos a este mundo en un estado embrionario, con la posibilidad de pasar de un estado menos perfecto a uno más perfecto, por actualización o continuidad de nuestro ser -en Filosofía, denominada continuidad ontológica-, es decir: empezamos en estado embrionario, luego, pasamos a un periodo fetal, después a recién nacido, y de recién nacido a niño; al nacer, naturalmente, todos requerimos de la protección para nuestro desenvolvimiento, formación, dirección y preparación; entonces de aquí se sigue que necesariamente el matrimonio, y ya propiamente la familia con la llegada de los hijos, no puede quedar circunscrita al hecho biológico de la procreación, sino que necesaria, natural y moralmente, se debe continuar con la educación de los hijos.
Entonces, para cumplir con el noble oficio de ser padre o madre, no basta engendrar hijos, para luego dejarlos solos a la deriva en los vaivenes de la vida, indefensos, sin preparación moral o intelectual alguna, ¡no! Es necesario dar continuidad a la obra iniciada con la procreación: ha de seguir la obra lenta, fecunda, sacrificada y trascedente de la educación de los hijos. [1] De no llevar a cabo lo anterior, sería tanto como traerlos a este mundo, para luego abandonarlos a su suerte ¡qué clase de padres seríamos!
¡Grábatelo! papá y mamá están obligados solidariamente, incluso antes que por la Ley positiva, por el Derecho Natural, a la provisión de las necesidades físicas, intelectuales y morales de los hijos. Sobre el deber de educación respecto de los hijos, Regis Jolivet[2] nos dice que: es absolutamente necesario ayudar a los niños constantemente en una exacta distinción entre el bien y el mal, en la buena dirección de la voluntad, en la resistencia a las malas pasiones, en la práctica de las virtudes, y enriquecer su razón, según su edad y sus aptitudes mentales, con las indispensables nociones intelectuales.
Como ves, el mérito de los padres, no está en traer hijos a este mundo, sino en educarlos debidamente para que alcancen sus fines particulares y el fin último que les está impreso en su naturaleza (esencia) alcanzar. Con esto ya podrás comprender el deber moral de educar a partir de la familia, ya que ésta juega un rol decisivo en el cuidado de los hijos y en la formación de su carácter, lo que se realiza también en los padres.
Feliz día de la familia este día y todo el año, porque todo el año somos familia.
[1] SÁENZ, J. LA VIDA CONYUGAL Y SUS PROBLEMAS. Editorial IUS MÉXICO. México. Pág. 257.
[2] [2] REGIS, J. (1976). TRATADO DE FILOSOFÍA MORAL. EDICIONES CARLOS LOHLÉ. BUENOS AIRES.
Pág. 333.
tomado de www.concienciasocial.mx
