Por: Sergio Ledezma
Llamó poderosamente la atención que ayer, la Universidad Autónoma de Chihuahua firmara una carta compromiso con el Colectivo Metamorfosis como parte de las acciones que se realizan durante el mes de junio para visibilizar y exigir los derechos de la comunidad LGBTIQ+.
La comunidad LGBTQ+ se denomina como un movimiento social que lucha contra la discriminación y en favor de la normalización y reconocimiento de derechos de las personas lesbianas, bisexuales, transgénero y transexuales.
Fueron varios los comentarios que se manifestaron en las diferentes redes sociales, algunos a favor y aplaudiendo esta acción, pero la mayoría en contra.

“¿Ya pusieron todos los letreros en braille? ¿Corredor para guía de bastón? ¿Tienen clases para personas con debilidad auditiva? ¿Ya mejoraron los accesos para silla de ruedas en todos los edificios?”
“A caray, eso contradice la ciencia, ¿así que ahora apoyan todos esos desórdenes? ¡Qué poca seriedad como institución, dándole gusto a una minoría sin duda una universidad en decadencia!”
“¿Y la ciencia qué? ¡Agenda 2030!”
Estos comentarios por mencionar algunos.
El punto a comentar es que la Universidad Autónoma de Chihuahua, como institución que se supone debe basar su conocimiento en la ciencia, no debería abrir las puertas a una postura ideológica.
Con postura ideológica nos referimos al conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona y colectividad. En ese sentido, el que las personas soliciten el reconocimiento de derechos de las personas que conforman el colectivo, es muy peligroso y abre otras puertas, que basados en la congruencia se debiesen respetar.
Una persona nace hombre o mujer. El argumento es que la persona puede sentirse que su género no va en concordancia con el sexo con el que nació rompe con la realidad.
El género es tomado como componente cultural, separándolo del sexo biológico.
Según la teoría del género, el sexo se refiere a las características anatómicas y fisiológicas que identifican a una persona como mujer o como hombre, estas pueden ser clasificadas en los siguientes niveles: genético, cromosómico, hormonal, afectivo y genital. A partir de estas diferencias, se pueden distinguir fundamentalmente dos tipos: hembras y machos, aunque también existen situaciones en que la definición del sexo no se estableció dicotómicamente y generó una tercera determinación: hermafroditismo. (1)
La misma teoría señala que género se refiere a los valores, atributos, roles y representaciones que la sociedad asigna a hombres y mujeres, se trata de la construcción social y simbólica sobre la base de la diferencia sexual. Están relacionadas con lo que cada sociedad considera como correcto y aceptable para el comportamiento de mujeres y de hombres. Pueden cambiar o permanecer sin modificaciones, dependiendo de la época, del lugar, de la cultura y de la sociedad. (1)
Los puntos anteriores se encuentran en debate permanente ya que se trata de un principio de desorden. Si los valores, roles y atributos van a estar expuestos a una deconstrucción, se pueden dar casos donde se apruebe por una parte de la sociedad ciertas perversiones que tendrían que ser aceptadas.
Si no existe un fundamento filosófico, estos principios pueden -como lo han hecho a la fecha- aprobar y dar como bueno el que un hombre se considere una niña de 6 años y ser tratada como tal, es decir, fuera de la realidad.
Agustín Laje define a la ideología de género como un conjunto de ideas anticientíficas que, con propósitos políticos autoritarios, desarraigan a la sexualidad humana de su naturaleza y la explican exclusivamente por la cultura.
El mismo Napoleón se refería a la ideología como la especulación quimérica y teorización ociosa… sistema de teorías carentes de aplicación práctica.
Es peligroso que la UACH entre al juego del “respeto y reconocimiento” del derecho de las personas con esas tendencias porque se les da un poder por encima de la libertad de las personas.
A la persona se le debe respetar por el hecho de ser persona, pero de ahí a que se tenga que adecuar mi realidad a sus fantasías, esa es la bronca que se les viene no solo a los maestros de la UACH sino a toda la sociedad en general.
¿Qué sigue? Aquí se lo decimos. Siguen talleres, cursos relacionados con la diversidad sexual y el respeto a las personas, subterfugio que les encanta usar para comenzar a pisotear la libertad de cátedra. Sigue que el docente frente a grupo tendrá que adecuar la realidad a la percepción de los alumnos, porque en otras instituciones han obligado a maestros a referirse al estudiante como él o ella se perciba.
Sigue que los maestros tengan que cuidar su forma de hablar, porque próximamente tendrán que referirse a todos con respeto, al mencionar todes, bienvenides, nosotres, compañeres, elles, y hay de aquel que levante la voz en contra de esta imposición puesto que le costará el cargo, la base o la titularidad para dar paso a los “intelectuales” de los nuevos tiempos, aunque vayan en contra de la esencia de la universidad.
No seamos ingenuos, la fuerza política de la ideología de género ya penetró abiertamente la Universidad Autónoma de Chihuahua y va por una enseñanza anticientífica adecuada a los tiempos actuales. Únicamente nos queda no olvidar que después de la perversión se presentó la caída de los imperios.
